
Hablamos de inducción cuando una mujer, que nunca ha estado embarazada (o lo estuvo hace años), quiere producir leche, ya sea para un hijo adoptado, para una maternidad subrogada, o en el caso de parejas de madres.
Aunque todavía son experiencias poco conocidas, lo cierto es que, con información y apoyo adecuados, inducir la lactancia materna es perfectamente posible en la mayoría de casos, y cada vez más madres se animan a intentarlo.
La producción de leche conseguida puede ser muy variable. Por esa razón el principal objetivo de una inducción de la lactancia debería ser el aumentar los lazos afectivos con el bebé, la nutrición debería quedar en un segundo plano.
La inducción no es un proceso simple y existen muchos factores clave relacionados con el proceso que es necesario conocer antes de empezar.
Los factores básicos del éxito relacionados con la madre son:
Respecto al bebé, los principales requerimientos para conseguir inducir una lactancia materna son:
Existen diversos tipos de inducción, dependiendo del tiempo del que la madre disponga antes de la llegada del bebé y de sus preferencias personales.
La base de la inducción es la estimulación de la glándula mamaria y el aumento de la prolactina en sangre para que se inicie la producción de leche materna.
Planteada por el Dr Jack Newman y Lenore Goldfarb, basan la mayoría de sus protocolos en el uso de ciertos medicamentos y la estimulación del pecho. De esta manera consiguen imitar el crecimiento de la glándula mamaria que se produce durante el embarazo, el aumento de prolactina en sangre que se produce unas horas después del parto y la estimulación y extracción de leche que el bebé realiza al mamar.
Estos protocolos son bastante efectivos a la hora de conseguir producir leche, pero es necesario recordar que para iniciarlos es necesario contar con la aprobación y seguimiento de un profesional sanitario puesto que los fármacos pueden causar efectos secundarios graves para la madre.
Esta inducción está más indicada en el caso de madres adoptivas de bebés menores de seis meses, que en el caso de maternidad subrogada o de parejas de madres que quieren compartir la experiencia.
Es un proceso largo, ya que se realiza meses antes de la llegada del bebé, y requiere mucha dedicación y perseverancia, pero los resultados obtenidos suelen ser muy positivos.
A pesar de que a nivel popular existe la creencia de que hay muchas plantas y hierbas que aumentan la producción de leche, la evidencia científica indica lo contrario e incluso señala a algunas de ellas como potencialmente peligrosas para la lactancia, ya que pueden disminuir la cantidad de leche, o para el bebé, si su madre la consume en exceso.
A pesar de que no existe evidencia científica, empíricamente sabemos que la levadura de cerveza puede aumentar los niveles de prolactina en sangre, lo que se traduciría en un aumento de producción de leche.
El uso de galactogos es parte del proceso de inducción pero no puede ser el único y no se puede otorgar más protagonismo a estos suplementos de fitoterapia que a la medida estrella en un proceso de inducción: la estimulación de la glándula y la extracción de leche.
Este tipo de inducción se recomienda a las madres que no quieren tomar fármacos y que prefieren centrarse en la estimulación y la ayuda de la fitoterapia; y puede ser la inducción más recomendable en el caso de adopciones de bebés mayores que quizá ya no sepan mamar pero a los que se desea ofrecer leche materna para mejorar su estado nutricional, y también en el caso de parejas de madres que quieren compartir la lactancia de manera parcial.
En el proceso de inducción la estimulación del pecho es la medida más efectiva. Se deben realizar extracciones frecuentes para conseguir la correcta estimulación de la glándula. El contar con un sacaleches eléctrico puede ser muy práctico y permite una estimulación muy eficaz.
Si no se dispone de un sacaleches eléctrico se puede recurrir a un sacaleches manual o incluso a la estimulación y la extracción manual teniendo en cuenta que el proceso se puede alargar.
Con este tipo de inducción el proceso para conseguir leche puede ser más lento, así que se requieren meses antes de empezar a ver las primeras gotas de leche.
El proceso de inducción es largo y, dependiendo de qué protocolo se elija, se necesita tiempo par conseguir producir leche. Cabe decir que en los casos de adopción puede ser complicado establecer una fecha exacta para la llegada del bebé lo que no contribuye a poder planificar el proceso.
En general, en las inducciones farmacológicas, lo ideal es empezar entre seis y cuatro meses antes de la llegada del bebé.
En el caso de la inducción con fitoterapia, o la inducción realizada exclusivamente con estimulación, se debería empezar mínimo dos meses antes del encuentro con el pequeño.
Empezar con demasiada anticipación puede dar buenos resultados pero se puede caer en el cansacio y el abatimiento. Y empezar demasiado tarde puede comprometer el resultado final.
Por otro lado el tiempo en que la madre va a conseguir producir leche es muy variable y es mejor no tener demasiadas expectativas en lo referente al tiempo concreto en el que la madre va a producir leche. Es mejor dejarse llevar y sorprender.
Como la variabilidad de casos puede ser muy amplia, ante el reto de inducir una lactancia habrá que hacer un plan personalizado adaptado a las circunstancias y preferencias de cada binomio madre / hijo y para eso sería ideal acudir a un grupo de apoyo a la lactancia.
Sea cual sea el tipo de inducción elegido es necesario estimular la glándula mamaria antes de la llegada del bebé.
Las primeras semanas se recomienda empezar a estimular el pecho de manera manual. Esta será la primera toma de contacto con el pecho y permite empezar a preparar la glándula. Al menos dos veces al día se recomienda realizar un masaje sobre el pecho y sobre el pezón y la areola. Y también realizar tracciones suaves sobre el pezón.
Una vez realizado este primer paso, empezar con la estimulación con sacaleches:
Cuando por fin llega el bebé empieza la segunda etapa del proceso; intentar y quizá conseguir que el bebé se agarre al pecho y succione. La diferencia esencial en el proceso será si el bebé está o no dispuesto a mamar.
El niño sí está dispuesto a mamar:
En el artículo sobre como suplementar con leche estraída encontrarás más información sobre cómo administrar suplementos de leche extraída o fórmula evitando el uso de biberones
Si el niño NO está dispuesto o es incapaz de mamar:
Elegir métodos de suplementación adecuados es vital ya que es posible que el bebé necesite recibir leche artificial o la leche materna que había sido congelada durante el proceso. En cualquier inducción es importante eliminar, en la medida de lo posible, cualquier succión que no sea la del pecho: tetinas, chupetes…
Así pues los métodos de suplementación a valorar serán:
Si el bebé quiere mamar y sabe hacerlo con eficacia el relactador es una opción a tener en cuenta, ya que permite hacer varias cosas a la vez: el bebé succiona leche del pecho a la vez que estimula la glándula, a la vez que recibe la leche extra que necesite.
Aunque el relactador presenta algunas dificultades o limitaciones: no es práctico usarlo fuera de casa, hay bebés que se acostumbran a succionar directamente de la sonda…
Habrá que observar atentamente al bebé y valorar como va evolucionando, especialmente en lo que se refiere a los siguientes parámetros:
Conviene pesar al niño una vez por semana e ir comprobando que va ganando peso. La cantidad de peso a ganar variará en función de la edad del niño, pero a nivel estimativo se considera dentro de lo normal que un bebé de menos de dos meses gane como mínimo 500g al mes, aunque esa ganancia no tiene porque ser regular (125g / semana), y es frecuente que una semana ponga más y otra menos, lo importantes es que no pierda peso ni se estanque. Los bebés más mayorcitos pueden ganar menos peso.
Pueden ser de ayuda día a día como indicio de una ingesta adecuada. Orinar frecuentemente (mojar 6 o más pañales diariamente con orina diluida, clara) indica una ingesta adecuada de líquidos.
En las primeras cuatro semanas más o menos, la mayoría de los bebés alimentados al pecho hacen deposiciones amarillo-marrones, sueltas varias veces al día. Después del primer mes puede reducirse la frecuencia a una vez al día, o a una vez cada varios días (normalmente entre 2 y 10 días), estas deposiciones serán correspondientemente de mayor cantidad.
Las deposiciones de los bebés alimentados con suplementos artificiales son más duras y voluminosas. Conforme aumenta la producción de leche, la madre puede advertir cambios en las deposiciones de su hijo, las cuales se hacen más blandas, más parecidas a las deposiciones de un bebé alimentado al pecho.
El nivel de actividad del bebé también puede ser un signo de que su ingesta es suficiente. Un bebé que se despierta espontáneamente un mínimo de 8 a 12 veces en 24 horas, que come vigorosamente y reserva algo de energía para la interacción social apropiada a su edad, probablemente está obteniendo lo suficiente. Un bebé que no obtiene lo suficiente puede estar muy irritable o también parecer muy tranquilo y no demandante ya que carece de la energía necesaria para insistir en ser alimentado.
Mi marido y yo decidimos adoptar después de unos meses de intentar quedarme embarazada. Las pruebas médicas diagnosticaron un problema de esperma.
Como siempre habíamos dicho que uno de nuestros hijos sería adoptado no nos costó demasiado hacer un “cambio de planes”.
Los trámites fueron pesados pero bastante rápidos. Lo que más nos costó fue escoger el país. Nos decidimos por República Dominicana porque podíamos adoptar a un bebé recién nacido. Y una vez tramitado el expediente nos quedaba la espera. Nosotros la llenamos buscando mucha información sobre la adopción. Y cuál fue la sorpresa que uno de los libros que leí sobre adopción hacia una escueta mención a la lactancia de madres adoptantes a sus hijos, si estos eran recién nacidos.
Como el libro contenía una información muy escueta decidí buscar más información. Yo estaba emocionadísima pensando que si finalmente era posible dar de mamar a mi hijo/a sería un premio adicional a nuestro gran deseo de ser padres.
Lo primero que hice fue comentárselo a mi marido que se mostró muy escéptico y sorprendido.
Pero como yo estaba tan emocionada con la posibilidad de amamantar a mi futuro bebé empecé a enviar emails a diferentes sitios: ligas de lactancia y otros portales de Internet que hablaban sobre amamantar.
La verdad es que no pregunté en mi entorno más inmediato sobre la posibilidad ya que algunas personas no entendían si quiera que optáramos por la adopción antes de probar cualquier técnica de reproducción asistida.
De los 10 o 12 emails que envié me respondieron 2 miembros de grupos de apoyo a la lactancia: una mujer argentina y otra de Barcelona, quien me confirmó que era posible una “lactancia inducida” (así se llama el proceso) y me puso en contacto con un pediatra que me orientó y asesoró. También me facilitó un sacaleches más potente que los que se comercializan habitualmente.
Una vez confirmado que podía hacerlo mi marido ya lo vio un poco más claro (lo había dicho un médico) y lo comente en mi entorno más íntimo. No les pareció mal pero les resultó muy extraño.
Con el sacaleches me tenía que estimular los pechos varias veces al día. No resultó agradable ya que al tercer o cuarto día me dolían bastante. Pero eso no fue impedimento. Mi hija estaba a punto de nacer y yo solo pensaba en lo maravilloso que sería cogerla, acariciarla, besarla y amamantarla para darle todo el amor que cualquier bebé recién nacido se merece, y más si era mi deseadísima niña.
Durante la estimulación fui a visitar a otros especialistas para controlar la prolactina: a mi ginecóloga que se mostró respetuosa pero sorprendida, al endocrino que no salía de su asombro, al radiólogo que me trató con cierto recelo…. A todas las visitas acudía sola porque mi marido trabajaba y muchas veces tenía la sensación de que les parecía una “pobre desesperada por tener un hijo” capaz de hacer cualquier locura.
Pero cada día al llegar a casa me conectaba al sacaleches y pensaba que ya quedaba un poco menos para que naciera mi bebé.
El día 11 de octubre nació nuestra hija Laura y el 16 estábamos en Dominicana para darle la bienvenida a este mundo. Creo que cuando la vi fue el momento más feliz de mi vida.
Al llegar al Apartahotel la bañamos y mi marido salió a comprar gotitas para sus ojos que seguían muy irritados después del alumbramiento.
Yo me desnudé y me la puse encima. Sabía que ella desde el día en que nació se había alimentado con biberón y que tal vez mi pecho le resultase extraño y lo rechazara.
Pero la compenetración fue perfecta. Se enganchó desde el primer momento y succionaba con fuerza. A mi no me salía suficiente leche así que me colgaba del cuello una pequeña botellita de la que salían dos conductos que terminaban en ambos pezones. La botellita contenía leche preparada. Así mi hija Laura al succionar de mi pezón bebía simultáneamente mi leche y la preparada.
Así estuvimos durante cinco meses que no siempre fueron fáciles. El llevar relactador me impedía sacar el pecho en cualquier lugar donde estuviéramos y darle de comer a la niña así que hacíamos salidas cortas o buscábamos soluciones como darle de comer dentro del coche en los aparcamientos con total intimidad.
Durante este período Laura hacia defecaciones de dos colores: verdes y amarillas. Esto nos tenía un poco preocupados así que se lo preguntamos al pediatra durante la estancia en Dominicana, habiéndole explicado previamente que realizábamos una lactancia inducida (cosa que le fascino).
El pediatra nos dijo que las defecaciones verdes eran las resultantes de la leche preparada y las amarillas de la leche materna.
Yupiii!!!!!- decíamos cada vez que era amarilla (y es que suele pasar que los padres nos ilusionamos con cualquier cosita de nuestros hijos).
El día que Laura cumplió sus dos mesecitos, finalizando trámites, tuvimos la oportunidad de conocer a la madre biológica de Laura, un chica muy jovencita con otros hijos a los que tampoco criaba ni veía. La situación en el país es complicada y la pobreza, la incultura y la promiscuidad son factores desencadenantes de estas situaciones.
Estuvimos contentos de conocerla y de que ella conociera a la niña.
Pero la historia tiene una continuación feliz. Ahora mi niña de pelo rizado y ojos enormes espera una hermanita que nacerá en marzo. Y de una cosa estoy segura, si a Laura la amamante, a pesar de los prejuicios, inconvenientes y dificultades, a mi próxima hija Emma también lo haré. Y espero que esta vez el hecho de estar embarazada me ayude a no necesitar del relactador para hacerlo, aunque como ya soy veterana no tendría problemas en rescatarlo del altillo.
Artículo redactado por Alba Padró. Asesora de Lactancia de ALBA. IBCLC.
Revisado por Eulàlia Torras. Asesora de Lactancia de ALBA.