Se sabe que la herencia genética desempeña una función en el desarrollo de las enfermedades alérgicas. También está claro que están implicados más mecanismos, que no es sólo una cuestión de genes.
Hay evidencia de que la lactancia materna disminuye el riesgo de atopia, eccema, alergia alimentaria y alergia respiratoria, y de que el efecto se mantiene al menos hasta la adolescencia.
La forma en que la lactancia materna, sobretodo si es exclusiva, protege de la sensibilización alérgica es:
La leche humana transporta diversos mensajes bioquímicos a través de sus hormonas, factores de crecimiento, citoquinas y células completas. Todo ello influye en el desarrollo intestinal y en las defensas del bebé.
Se estima que son varios los procesos implicados en la reacción del sistema inmunitario frente a un alérgeno. La desregulación de cualquiera de ellos puede incrementar la susceptibilidad para el padecimiento de una alergia.
La leche materna contribuye a desplazar el equilibrio hacia la tolerancia más que hacia la sensibilización cuando el lactante presenta exposición a un alérgeno.
Se ha investigado la posibilidad de disminuir las manifestaciones alérgicas en bebés de alto riesgo, con historial de alergias familiares, a través de un sistema de prevención en el que la madre evita el consumo de determinados alimentos durante el embarazo y al principio de la lactancia (normalmente leche de vaca, huevos, pescado y frutos secos).
Parece que esto podría disminuir ligeramente la incidencia de la alergia o al menos retrasar su aparición, pero no la evita necesariamente.
Los investigadores concluyen que no hay base científica suficiente para recomendar de forma general restricciones en la dieta de las madres, aunque algunas familias, con antecedentes de alergia, pueden decidir que conseguir minimizar o al menos demorar la aparición de la alergia en su hijo merece el esfuerzo.
Se sabe que los lactantes con un riesgo elevado de alergia por causas genéticas muestran una incidencia significativamente menor de la enfermedad cuando son alimentados con lactancia materna, procurando que sea de forma exclusiva los primeros 6 meses, especialmente si, además, se retrasa la introducción de los alimentos complementarios.
En base a la evidencia científica publicada hasta el momento (van Odijk J et al. Breastfeeding and allergic disease: A multidisciplinary review of the literature 1966-2001. Allergy 58:883, 2003) se ha establecido una declaración de consenso por parte de la comunidad científica en la que destaca lo siguiente:
Si además hay claros antecedentes de alergia alimentaria familiar, se puede considerar la posibilidad de:
El gluten es un conjunto de proteínas contenidas exclusivamente en la harina de los cereales de secano, fundamentalmente el trigo, pero también la cebada, el centeno y la avena, o cualquiera de sus variedades e híbridos (espelta, escanda, kamut, triticale…).
Los cereales con gluten son habitualmente utilizados en la fabricación de muchos alimentos cotidianos como el pan, los cereales de desayuno, la pasta, las pizzas, las masas, los pasteles y las galletas.
Además los cereales que contienen gluten también se utilizan como ingredientes en rebozados, salsas y algunos productos cárnicos, como salchichas y hamburguesas.
Desarrollar alergia al gluten, también llamada celiaquía o enfermedad celíaca, puede limitar mucho la dieta de una persona, por lo que es preocupación de muchos padres que sus hijos no desarrollen esta enfermedad, especialmente si existen antecedentes familiares.
A diferencia de otras posibles alergias sobre cuya posible prevención hay un claro consenso, a lo largo de los últimos años las recomendaciones oficiales de la comunidad científica para prevenir la alergia al gluten han sido muy variables, en paralelo a la publicación de una u otra investigación científica.
Si una familia ha tenido varios hijos es posible que le hayan recomendado con el primero una cosa y con al siguiente algo totalmente distinto, incluso contradictorio, y lo mismo en el caso de hijos sucesivos.
A principios del 2015, además de las recomendaciones generales sobre prevención de alergias que hemos comentado, en lo que respecta concretamente a la introducción del gluten en la alimentación de los bebés, y en base a la evidencia acumulada hasta el momento [pdf], las recomendaciones son:
De todas formas, si el bebé tiene predisposición genética a ser alérgico al gluten, muy posiblemente lo acabará siendo. Estas medidas al menos pueden ayudar a que la aparición de la patología se retrase.
Conviene saber que otros alimentos básicos como el arroz, las patatas y el maíz no contienen gluten, y que actualmente existen también muchos productos especiales sin gluten para quienes padecen este trastorno.
Lawrence RA, Lawrence RM. Lactancia materna. Una guía para la profesión médica. Sexta edición. Ed. Elsevier Mosby. Madrid, 2007.
Carlos González. Manual práctico de lactancia materna. 2ª edición. Ed. ACPAM. Barcelona, 2008.
Artículo redactado por Eulàlia Torras. Asesora de Lactancia de ALBA.