TEMA 6

Lactancia materna y colecho

La práctica de compartir la cama con los hijos durante los períodos de sueño ha sido llevada a cabo desde siempre. La tradición oral y escrita de generación en generación nos habla de su amplia difusión. Incluso hoy en día es práctica común en familias de todo el mundo.

Pero en algunas culturas, como la occidental, y en períodos históricos más recientes, esta tendencia cambió, el colecho pasó a considerarse inadecuado con distintos argumentos, aunque todo parece indicar que se siguió realizando, aún cuando no se reconociera abiertamente.

Un beneficio inherente a la práctica del colecho es intensificar los períodos de contacto del bebé con la madre, aumentando con ello las oportunidades de amamantamiento y la duración de la lactancia materna.

Actualmente parece que en el mundo occidental la tendencia se vuelve a invertir, en paralelo al aumento del interés de las familias por amamantar a sus hijos,  y cada vez son más las que admiten abiertamente practicar el colecho.

La formación del vínculo

La íntima interacción entre la madre y el bebé se retroalimenta a sí misma y acaba formando el vínculo. Se trata de un complejo mecanismo neurológico, incorporado al bagaje del comportamiento humano en el transcurso de miles de años.

El contacto visual, el contacto piel con piel, la lactancia materna, el porteo, el colecho, y en definitiva todas las actividades que impliquen para la madre y su bebé pasar tiempo juntos, comunicarse, satisfacer necesidades y trasmitir seguridad, están implicadas en la formación del vínculo.

El niño conforma su capacidad de relación afectiva y respuesta futura al estrés a través de la satisfacción oportuna de sus necesidades por parte de la madre o de quien le cuida. Se sabe que en este proceso participa la oxitocina como neurotransmisor.

El papel de la oxitocina

Fisiológicamente, la oxitocina es un nonapéptido liberado por la neuro-hipófisis que interviene en el proceso afectivo de filiación, capaz de bloquear el estímulo de CFR (factor liberador de corticotropina) en el eje hipotálamo-hipofisario, dando por resultado la disminución de niveles de cortisol y de TA, aumento del umbral del dolor, disminución de la ansiedad, favorece el crecimiento y la cicatrización.

El contacto piel con piel tras el nacimiento favorece la liberación de oxitocina y todo ello se ha relacionado, entre otras cosas, con la estimulación de la conducta social y la disminución de la ansiedad y el estrés.

Asimismo el apego seguro se correlaciona con altos niveles de oxitocina. El contacto piel con piel, la lactancia materna, el apoyo social y los masajes potencian la liberación de oxitocina endógena que a su vez los refuerza y facilita, potenciando sus efectos.

Por tanto, la oxitocina se relaciona con el amamantamiento, no solamente para producir eyección de leche, si no a posteriori, como se ha constatado mediante su medición en saliva, mostrando niveles altos antes de la tetada, disminución al inicio de la misma y aumento a los 30 minutos. Este aumento tardío de los niveles de oxitocina iría dirigido a proporcionar sensación de placidez y reforzar en la madre su actitud afectiva hacia el niño.

Papá se acaba de levantar

El valor de generar confianza

La confianza es de vital importancia en el comportamiento social de todas las especies. Es la esperanza firme que se tiene respecto a alguien o algo. Nos permite confiar en que nuestras expectativas se vean satisfechas.

El fino tejido de conexiones neuronales que permiten su aparición se establece desde el nacimiento (incluso posiblementes antes) a base de experiencias placenteras (positivas) mediadas por neurotransmisores como la oxitocina, liberada durante el contacto estrecho entre la madre y el bebé.

El colecho como buena práctica de crianza

El contacto intenso y prolongado del bebé lactante con su madre actúa como mecanismo de protección frente a dificultades fisiológicas y peligros ambientales. Ello posee reconocidos beneficios, mejor termorregulación, mayor estabilidad cardio-respiratoria y oxigenación, menores episodios de llanto, mayor producción de leche, aumento de la prevalencia y duración de la lactancia materna.

El colecho proporciona la oportunidad para un acercamiento necesario desde el nacimiento y durante la infancia. Como una buena práctica de crianza de los hijos, favorece la liberación de oxitocina y todo lo que se relaciona con ella, la lactancia materna, la confianza y el vínculo entre la madre y el bebé.

En este contexto, los lactantes duermen en sincronía con sus madres, los movimientos y la respiración de cada uno afectan al otro. Habitualmente se encuentran al lado de su madre, con su cuerpo y su cara orientados hacia el cuerpo materno.

Esa posición les facilita acceder al pecho y mamar. Se despiertan y se agarran al pecho, para consolarse y para alimentarse, sin apenas despertar a la madre, a quien la secreción de oxitocina y prolactina facilita la conciliación del sueño.

COLECHO PAPA

Los bebés tienen un patrón de sueño distinto al de los adultos. Presentan más y mayores períodos de sueño ligero llamado REM (en inglés Rapid Eye Movement), caracterizado por movimientos rápidos de los ojos. Los bebés pueden experimentar episodios de apnea que pueden durar hasta 15 segundos pero, si el mecanismo automático de la respiración no se dispara, el niño se despierta y reinicia su respiración sin problema alguno. Esto es fácil si se encuentra en un período de sueño ligero, por ello los bebés no duermen profundamente como los adultos. Necesitan estar alerta para mantenerse vivos.

El roce, el movimiento, el sonido de la respiración, la temperatura, el intercambio de gas carbónico y las vocalizaciones del sueño del acompañante del bebé ejercen una influencia positiva. La sincronización entre los ciclos de sueño mamá-bebé cuando duermen cerca y comparten la misma cama aumenta la presencia de fases REM en ambos, incrementando así la alerta de la madre y la sensibilidad del bebé a cualquier movimiento de su madre, ayudando a disminuir y corregir los episodios de apnea.

En países industrializados donde las tasas de colecho habían descendido, se han incrementado de nuevo al aumentar la prevalencia de la lactancia materna. Se ha comprobado que la proporción de niños que comparten la cama con sus padres durante la noche es tres veces mayor en los amamantados que en los no amamantados.

Colecho y muerte súbita

Se ha abierto un importante debate tras la recomendación en contra de esta práctica por parte de algunas sociedades pediátricas al relacionarla con un aumento del riesgo de muerte súbita.

La evidencia en la que se ha basado tal recomendación es débil porque no se fundamenta en estudios controlados, ni toma en cuenta las circunstancias en la que tuvo lugar el colecho.

Se ha comprobado que la lactancia materna disminuye el riesgo de muerte súbita en un 50%, y como ya se ha visto se constatan mejores índices de lactancia materna entre los niños que practican colecho.

Sin embargo, no es posible esclarecer si las madres que amamantan son más proclives a dormir con sus bebés o si el compartir la cama con el bebé favorece la prolongación de la lactancia materna.

Un estudio longitudinal reciente, que incluyó 7447 niños de 0 a 4 años, identificó 4 grupos en cuanto a la practica de colecho: los que nunca lo practicaron, los que lo practicaron solamente en los primeros meses de vida (“colecho precoz”), los que lo practicaron después del primer año de vida (“colecho tardío”) y los que lo practicaron a lo largo de los 4 años (“colecho continuo”), y demostró que existía una relación significativa entre los 3 patrones de colecho (“precoz”, “tardío” y “continuo”) y la lactancia materna a los 12 meses de edad.

Los autores del estudio concluyeron que a la hora de establecer recomendaciones sobre el colecho se debe tener en cuenta su importante relación con la lactancia materna.

COLECHO

En resumen

Basándonos en la evidencia disponible, no existe fundamento científico que contraindique la práctica de colecho.

En cambio, se sabe que prácticas disruptivas como la separación del niño de sus padres pueden condicionar, en el futuro, respuestas disfuncionales al estrés en la conducta de estos lactantes.

Por todo ello, se puede concluir que hay que abordar el colecho desde el respeto a las diferencias culturales y a la decisión de las familias, teniendo en cuenta sus probados beneficios, y en todo caso observar algunas recomendaciones para minimizar sus supuestos riesgos:

  • Evitar la posición boca abajo.
  • Evitar el uso de sofás para la práctica del colecho.
  • Evitar arropar en exceso al bebé.
  • Utilizar colchones con superficie no deformable.
  • Evitar el colecho después de consumir alcohol, drogas u otras sustancias o medicamentos que alteren la capacidad de respuesta de los padres.
  • Evitar el colecho si los padres consumen tabaco regularmente.
  • Evitar colocar al niño sobre almohadas o cojines.
  • Evitar el colecho si se dan otras circunstancias que aumentan el riesgo de muerte súbita cuando se comparte la cama, como la obesidad mórbida.

Como alternativa al colecho, si se dan estas circunstancias de riesgo, es recomendable practicar la cohabitación con la cuna del bebé cercana a la cama de los padres. Más aún, la cuna tipo side-car permite al bebé dormir sobre el colchón de su cuna al mismo nivel de la cama de los padres, sin que baranda alguna les separe.

 

Artículo basado en:

Colecho o compartir la cama con los hijos. Leonardo Landa Rivera – Pediatra. Neonatología. Hospital Marina Baixa. Villajoyosa. Comité de Lactancia materna AEP. 2011

Dormir en la misma cama con el bebé. UNICEF [pdf]

 

Artículo redactado por Eulàlia Torras. Asesora de Lactancia de ALBA.
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