Una madre lactante también puede vivir situaciones en las que la intervención profesional o desde grupos de apoyo sea primordial. Hay que saber actuar y evaluar a fin de conseguir el bienestar de la madre y del bebé.
Al llegar a la pubertad el pecho comienza a crecer y se desarrolla paralelamente a los otros cambios propios de esta etapa de la vida. Los pechos se desarrollan por efecto de muchas hormonas: estrógenos, progesterona… Durante la adolescencia se empiezan a formar, en el interior de la mama, todos los tejidos que posteriormente se encargarán de producir leche. Y también se empieza a acumular grasa en el pecho que con el tiempo le conferirá su forma hemisférica característica.

Hablamos de hipoplasia mamaria cuando el pecho tiene un crecimiento imperfecto e insuficiente que da lugar a unas mamas de tamaño y formas características, con escaso tejido mamario en su interior. No se trata de tener el pecho pequeño.
Este tipo de pecho no hay que confundirlo con un pecho de tamaño pequeño, al que le falta grasa que le de forma y volumen, mientras que el tejido mamario es suficiente de modo que, cuando se produzca la subida de la leche, la madre producirá con normalidad.
Por contra, el pecho con falta de tejido mamario tiene un aspecto típico:
Además durante la gestación la mujer no nota el típico crecimiento del pecho que acaba de desarrollar y que preparar la glándula para la lactancia materna, y en el postparto el pecho tampoco varía demasiado en lo que a volumen se refiere, y tampoco se nota la característica sensación de plenitud y de peso.
Las causas de la hipoplasia mamaria son variadas:
La mujer que crea tener el pecho hipoplásico y que quiera intentar amamantar necesita saber que:
Conseguir una lactancia materna exclusiva en estas circunstancias suele ser complicado. Como hay poco tejido glandular la mujer produce leche pero es claramente insuficiente para poder conseguir una lactancia materna exclusiva. Lo que no quiere decir que no pueda conseguir una lactancia mixta que puede ser igualmente válida para madre y bebé.
Algunas madres con sospecha de hipoplasia mamaria utilizan la técnica de la extracción poderosa para confirmar el diagnóstico o hiperestimular el pecho para aumentar la producción de leche materna todo lo que sea posible.
La cirugía mamaria ha sido considerada por muchos especialistas inocua para la lactancia. Muchas mujeres se la realizaron y se les informó que podrían lactar sin problemas años más tarde. Pero la realidad es que en algunos casos la intervención puede interferir en la consecución de una lactancia materna exclusiva.
En primer lugar vamos a ver las diversas técnicas quirúrgicas para realizar un aumento de pecho y para colocar un implante, ya que este detalle puede ser crucial:
Vía submamaria: requiere una incisión de unos 4 a 5 cm, localizada en el surco submamario (bajo el pecho). El implante se introduce y se coloca detrás de la glándula. Cuando no hay tejido mamario suficiente, la presencia de un implante resulta demasiado evidente y según los médicos no resulta «natural» por ello se modifica el músculo pectoral superior, para crear un bolsillo subpectoral, donde se ajusta la prótesis. Este bolsillo se crea cuando no hay tejido suficiente para cubrir adecuadamente el implante.
Actualmente, la tendencia es la colocación subpectoral, es decir, que el implante queda cubierto en parte por el músculo pectoral mayor y en parte por la propia glándula mamaria.
Vía periareolar: Se puede realizar la misma intervención que por la vía submamaria, aunque en este caso hay que colocar el implante a través de la glándula mamaria para lograr profundidad. O bien, hacer una incisión subcutánea en la parte inferior de la mama, por la que se introduce la prótesis hasta su lugar de ubicación.
Vía axilar: Requiere una incisión horizontal en la axila, y a veces otra en el surco submamario. La ubicación del implante en este caso será siempre submuscular, detrás del pectoral.
De todas estas vías la que menos compromete la lactancia es la vía axilar, porque normalmente no supone la sección de conductos ni nervios mamarios. La sensibilidad en la zona de la areola y el pezón es extrema y cualquier perturbación en esta zona puede afectar la producción de leche porque el cuerpo no recibe, a través del sistema nervioso, la estimulación que le indica cuándo y qué cantidad de leche debe fabricar. Además se cortan conductos y aunque sabemos que se recanalizan, el proceso es largo y a veces hasta las segundas gestaciones no empieza a estar todo reparado.

Si se trata de un aumento de pecho y se ha hecho por vía axilar no suele comportar dificultades. Eso sí, habrá que valorar cómo era el pecho antes del implante para ver si se trataba de un pecho hipoplásico. Poder hacer una valoración exhaustiva del pecho, y a ser posible visualizar y valorar fotografías anteriores a la operación durante la gestación, permite hacerse una idea de si realmente existía una hipoplasia o malformación previa o si el aumento ha sido puramente por motivos estéticos en una glándula que habría sido perfectamente funcional.
Es frecuente que algunas mujeres se operen los pechos porque les parecen «feos» sin llegar a ser conscientes de que padecen hipoplasia mamaria. Más tarde inician la lactancia convencidas de que la cirugía en sí no afecta a la producción de leche, y aunque eso pudiera ser verdad, la hipoplasia subyacente si puede causar hipogalactia, cuadro que empeorará según que tipo de cirugía le hayan practicado.
Muchos ginecólogos desaconsejan a las mujeres que se han sometido a una mamoplastia de aumento dar el pecho en el futuro, cuando sean madres. Suelen afirmar que estas madres tienen más riesgo de sufrir una mastitis ya que la presión del implante sobre la glándula puede producir un mal drenaje de la misma, o que por culpa de la presión del implante sobre la glándula la subida de leche puede ser espectacular y dolorosa… Las prótesis por sí mismas no pueden producir nada de eso, empezar con la lactancia con buen pie e informada es lo que nos puede evitar sufrir todas estas situaciones.
La producción de leche se inicia en el momento que la placenta se separa del útero. Y esto ocurre tanto en un parto vaginal como con una cesárea. En el momento que la placenta se separa del útero la progesterona cae en picado y llega a su punto más bajo hacia las 30 a 40 horas después del parto. Paralelamente se produce un aumento de prolactina que inicia la fabricación de la leche.
La producción de leche es un proceso hormonal complejo, la subida de leche no se puede evitar. La subida de leche no depende de la succión del bebé en las primeras horas de vida, la leche sube sola, no hay que hacer nada para conseguirlo. La subida de leche se produce dentro de las 30 a 72 horas que siguen el parto. Pero hay situaciones en que la subida de la leche puede verse afectada y se puede retrasar unas horas más.
Estas situaciones pueden ser: diabetes materna, obesidad (IMC > 28), administración de corticoides a la madre…
Si una madre no presenta subida de la leche después de las 72 horas hay que verificar en primer lugar que realmente padezca hipogalactia o baja producción de leche. A veces las madres no sienten los pechos tensos y creen que no tienen leche, cuando en realidad su producción es normal.
En el caso que verifiquemos que aún produce calostro será necesario repasar todas las causas que puedan producir tal situación: normalmente causas hormonales o retención de restos de placenta.
Tener grietas y sufrirlas no es algo normal. No deberían formar parte de la lactancia y, en caso de producirse, hay que remediarlas, ya que por sí solas no se curan. Muchas mujeres piensan que las grietas forman parte de la lactancia y que, por lo tanto, hay que sufrirlas y esperar a que se haga “callo”. Sin embargo, esta actitud, precisamente, es la peor que podemos adoptar, pues aguantar y esperar a que el pezón “endurezca” no resulta nada adecuado.

Lo más aconsejable es intervenir lo antes posible para que no se infecten y tratarlas como una herida con tal de eliminar el dolor. No obstante, no todas las grietas son iguales y deberán tratarse en función de su gravedad. Pueden ser desde pequeños arañazos, hasta heridas abiertas con pérdidas de tejido del pezón:
En todos los casos es importante buscar ayuda desde la primera molestia y recordar que las grietas no se curan solas y que, en ocasiones, pueden empeorar muy rápidamente.
Hay que valorar el agarre del bebé al pecho y verificar que el bebé no se agarra sólo del pezón. Si la postura y el agarre es correcto, se han de buscar las causas en la succión del bebé, en especial en el frenillo lingual corto o anquiloglosia que puede comprometer el agarre, la succión, la deglución y la transferencia de leche.
Las ingurgitaciones son dolorosas y molestas, incluso levantar los brazos resulta desagradable y muy doloroso. Los pechos se tensan y se calientan. A veces incluso las madres tienen una poco de fiebre. Y lo que resulta desesperante es que los bebés no pueden vaciar el pecho, está tan lleno y tan tenso que les resulta imposible mamar. Es como querer mamar de una pared. La alimentación del bebé se complica y la ingurgitación aumenta de manera exponencial si no ponemos remedio.
Por lo tanto necesitamos desinflamar el pecho. El problema no está causado solamente por la leche. El pecho tiene un sistema de irrigación extraordinario: sangre, linfa… Tenemos que manejar todo este material y mandarlo lejos del pezón y la areola para facilitar la succión del bebé:
Y se deberá valorar:
Si todo se hace correctamente en pocas horas el pecho vuelve a tener un volumen relativamente normal. En esta situación es mejor no utilizar el sacaleches, pues lo que hace la succión del sacaleches es acumular más linfa y leche en la zona de la areola.
Una mastitis aguda o «clásica» se puede resolver fácilmente con la extracción de leche del pecho afectado. Si esto no funciona y en 24h o menos la madre está peor hay que recurrir a los antibióticos para conseguir parar la infección. Pero ya sea porque no se toma antibiótico o porque éste no hace efecto se puede producir un absceso.
Un absceso se produce como consecuencia de una acumulación de pus en el tejido conectivo que forma y da volumen al pecho. No suele afectar a los conductos ni a la leche materna porque la infección se produce fuera del tejido productivo del pecho, los bebés pueden seguir mamando.

Los abscesos hay drenarlos de manera quirúrgica o idealmente con aspiración con aguja fina guiada por ecografía. Esta última es la técnica menos invasiva y menos traumática para la madre, pero desgraciadamente los sanitarios suelen optar por intervenir.
Si el absceso no se ha abierto por sí mismo, a veces la piel se rasga y empieza a salir el pus de manera espontánea, hay que hacer una incisión en el pecho, idealmente lo más alejado posible de areola y pezón. Después del corte, hay que desbridar el tejido para eliminar el tejido muerto y luego hay que sacar todo el pus acumulado y dejar un drenaje (penrose) que habrá que mantener en la herida de 2 a 4 semanas. De esta manera la herida se cierra lentamente y todo el pus puede salir al exterior.
La lactancia puede seguir si la herida está lejos del pezón y permite la succión. De hecho se debería recomendar a las madres afectadas que se siguieran sacando leche del pecho con el método que fuera: con el bebé, con un sacaleches o a mano.
Durante la extracción o la lactancia es importante comprimir la herida con una gasa o torunda porque mientras sale la leche puede salir también leche para la herida ya que a menudo con la desbridación del tejido se cortan conductos.
Un absceso resulta doloroso, traumático y desagradable pero no es necesario que sea el fin de la lactancia, es un tropiezo grave pero del que la madre se puede rehacer.
Entre los ocho meses y el año para los bebés llega la etapa caníbal y en ocasiones pueden llegar a causar lesiones en el pezón a la madre. Y aquí empiezan los trucos para evitar mordeduras y superar lo antes posible y con la máxima integridad física la etapa caníbal:
El cáncer durante el embarazo y la lactancia existe y es importante detectarlo lo antes posible para poderlo tratar inmediatamente. La frecuencia oscila entre el 0,2 % al 3,8% y se diagnostica en 1 de cada 3.000 gestaciones. Por lo tanto, aunque no es muy frecuente, existe. El gran problema es confundir una situación patológica con una situación fisiológica. El desconocimiento de la fisiología de la lactancia materna es tan grande que se pueden llegar a vivir situaciones en las que un tumor cancerígenos se confunda con otra cosa.
Es importante destacar que la lactancia materna tiene un efecto positivo para lograr evitar el cáncer de pecho. La aparición de cáncer de pecho está ligado al estilo de vida, a factores genéticos, alimentarios, ambientales, reproductivos…
Y es en las causas hormonales donde la lactancia consigue reducir los estrógenos maternos durante más tiempo. Cuanto más dure la lactancia, tanto en un hijo como en los sucesivos, conseguimos así evitar los estrógenos durante largas temporadas.
Es necesario que los ginecólogos y las mujeres tengamos claro que una induración en el pecho que no desaparece debe ser valorada muy seriamente y por supuesto realizar las pruebas necesarias para confirmar o no el diagnóstico son compatibles con la lactancia.

Artículo redactado por Alba Padró. Asesora de Lactancia de ALBA. IBCLC.
Revisado por Eulàlia Torras. Asesora de Lactancia de ALBA.