En todas las culturas del mundo existen alimentos considerados galactogogos (es decir, que aumentan la producción de leche). La variedad es infinita. En España es habitual recomendar a las madres que tomen horchata y leche de almendras.

En la cultura china se da a las madres una sopa caliente de jengibre y pollo. En Sudamérica se les prepara un caldo a base de pollo y verduras. En otras latitudes se recomiendan: las sardinas, el bacalao, los guisantes, la alfalfa, el cardo santo o el cardo mariano, la levadura de cerveza, la leche de vaca, las larvas de mosca azul….

Lo cierto es apenas existen estudios al respecto y no es posible afirmar que la ingesta de determinados alimentos aumente la cantidad de leche producida. En cambio, se ha demostrado que numerosas plantas consideradas galactogogos tienen precisamente el efecto contrario, es decir, disminuyen la producción de leche.

Lo único que aumenta la producción de leche de una mujer es la succión eficaz y el vaciado de la glándula mamaria, algo que el bebé consigue si mama a demanda y de manera correcta (o, en su defecto, si la madre utiliza un sacaleches).

La succión y el vaciado inducen al cuerpo a producir más leche, ya que aumentan los niveles de prolactina en sangre y eliminan del interior de la glándula el factor inhibidor de la lactancia (FIL).

Artículo redactado por Alba Padró. Asesora de Lactancia de ALBA. IBCLC.
Revisado por Maria Berruezo y Eulàlia Torras. Asesoras de de Lactancia de ALBA.