Autismo y lactancia

La lactancia materna no tiene absolutamente nada que ver con el autismo.

Se sabe que amamantar favorece el desarrollo cognitivo de los bebés, incluso algunos estudios apuntan a una influencia positiva en el caso de los bebés autistas, especialmente si se prolonga lactancia.

Se sabe que la lactancia contribuye al bienestar de la díada madre-bebé, proporciona los bebés un entorno estable en los brazos de su madre, que a su vez favorece el vínculo, la comunicación y contribuye a disminuir los factores de estrés.

Si la lactancia materna influyera en el autismo, sería para bien.

Pero con motivo del Día Mundial de Concienciación sobre el Autismo, que se celebra el 2 de abril, al que seguirá en pocos días (7 de abril) el Día Mundial de la Salud, queremos compartir algunas reflexiones desde nuestra experiencia en los grupos de apoyo a madres que deciden amamantar a sus hijos, algunas de las cuales, con el tiempo, pueden encontrarse con que sus hijos son diagnosticados de TEA (Trastorno de Espectro Autista).

Conocimiento y aceptación de la neurodiversidad

Es cierto que cada vez más profesionales sanitarios, investigadores y académicos de muchos países incorporan a su trabajo el paradigma de la neurodiversidad, acuñado por la socióloga Judy Singer a finales de la década de 1990.

A nivel social ha aumentado la consciencia y aceptación del autismo, los diagnósticos son cada vez más tempranos y es probable que todo el mundo conozca a alguien que haya nacido autista, lo sepa o no.

Se estima que aproximadamente el 1% de los bebés nacen con algún Trastorno de Espectro Autista (TEA)

Pero mucho antes de posibles diagnósticos de autismo, lo que hay son bebés lactantes que a veces pueden tener comportamientos y reacciones, al margen de la lactancia, que las familias perciben como «raros», lo que genera preocupación y sobre los que consultan a distintos profesionales, a familiares y conocidos, o bien comparten en las reuniones de grupos de apoyo.

El tabú de prolongar la lactancia

Pese a las recomendaciones de UNICEF de amamantar un mínimo de dos años, y que las cifras disponibles indican que, por ejemplo en Catalunya, la prevalencia y duración de la lactancia materna ha ido aumentando a lo largo del presente siglo, socialmente amamantar durante muchos meses o años sigue provocando reacciones de rechazo.

Sigue siendo frecuente que, ante consultas de las familias a pediatras, psicólogos y otros profesionales sanitarios, sobre determinados comportamientos «atípicos» de sus bebés, en el caso de que estén amamantando la recomendación sea suspender la lactancia, a pesar de que la evidencia científica indique todo lo contrario.

Las razones profesionales para recomendar un destete pueden variar y, en su mayoría, obedecen sobre todo a creencias personales o teorías no contrastadas.

También puede ser frecuente que algunas familias, conscicentes de que, si consultan a algún profesional sanitario sobre algún comportamiento que les preocupe de sus bebés lactantes, les van a recomendar que desteten, prefieren no consultar, lo que puede retrasar el diagnóstico y la atención temprana a estos bebés.

En los grupos de apoyo, las presiones para abandonar la lactancia por una razón u otra, tanto de familiares como de profesionales, son un motivo habitual de consulta de madres que están disfrutando de su lactancia y no desean destetar, pero que acaban sintiéndose inseguras de su decisión, sobre todo cuando el bebé va creciendo y las presiones son cada vez más fuertes.

La lactancia como el «chivo expiatorio» de lo desconocido

Sea cual sea el ámbito (profesional, entorno familiar, grupos de apoyo, …) es importante tener siempre presente que el momento del destete debe ser una decisión libre de cada madre, o de cada bebé, que debe ser respetada y acompañada.

Inducir a una madre a destetar por razones ajenas a su voluntad es una clara falta de respeto que, además, puede tener consecuencias negativas para la salud física y emocional tanto de la madre como del bebé.

Las razones médicas reales que justifican un destete forzoso son pocas y conocidas (galactosemia, …) por lo que jamás estará justificado recomendar suspender la lactancia solo por sacar de en medio un «factor incómodo» durante una anamnesis, antes de saber cuál es el diagnóstico, si fuera el caso.

Experiencias de madres lactantes de bebés autistas

Por lo que se refiere a experiencias vividas en los grupos de Alba, con madres de bebés que acabaron siendo diagnosticados de autismo, pocas seguían amamantando en el momento del diagnóstico, generalmente porque éste se produjo cuando sus hijos ya tenían varios años.

A menudo conocemos sus historias porque después tuvieron otros hijos a los que amamantaron, con los que participaron en reuniones de lactancia en nuestros grupos, y entonces aprovecharon para compartir sus experiencias previas con la lactancia.

Éstas son algunas de las vivencias compartidas:

«Para mí la lactancia nunca fue un problema, pero tener el diagnóstico de autismo me ayudó a comprender, echando la vista atrás, algunas cosas que en su momento me tenían muy desconcertada sobre el comportamiento de mi bebé»

«En su día me encontré muy presionada para destetar, la teta parecía ser la culpable de todo lo que le pasara a mi bebé. Cuando supe, años más tarde, que mi bebé era autista, me alegré de no haber hecho caso»

«Con el paso del tiempo mi bebé cada vez me tenía más preocupada, algunos comportamientos no me parecían muy normales, al final desteté ya que el consenso general a mi alrededor, tanto de la familia como del pediatra, era que el bebé se había «viciado», que estaba «demasiado enganchado», que la lactancia estaba «perjudicando a su desarrollo», … pero lo cierto es que nada cambió a mejor, todo lo contrario. Cuando años más tarde supe que mi hijo era autista muchas cosas cobraron sentido, pero para entonces mi lactancia era historia y me sentí muy traicionada por todos los que me aconsejaron el destete, por muy buenas que fueran sus intenciones»

«Sabía que algo pasaba, pero me daba miedo preguntar, no se me ocurrió que pudiera ser autismo, no es que el bebé estuviera enfermo, simplemente algunas cosas me parecían «raras», pero era mi primer hijo, igual eran normales, más que nada me preocupaba que, como expresara mis dudas en la consulta del pediatra, lo primero que me diría era que destetase y no quería hacerlo.

Hablando con otras madres sabía que muchas ya habían destetado, no porque quisieran hacerlo realmente, sino por recomendación de algún profesional sanitario, de la familia o de ambos, al consultar sobre temas que las tenían preocupadas como que si el bebé dormía más o menos, estaba más o menos inquieto, o pedía teta con mayor o menor frecuencia.

A mí no me parecía que nada de eso tuviera que ver con la lactancia y, de hecho, algunas de esas madres reconocían que el destete tampoco había contribuido a mejorar las cosas. Otras aseguraban que todos sus problemas se habían solucionado con el destete, pero me parecían muy vehementes en sus afirmaciones, como si el destete fuera una especie de varita mágica que de pronto, ¡abra cadabra y plas!, el bebe duerme, come, y se comporta perfectamente…………… no me parecía creíble, asi que al final callé y disfruté de mi lactancia.

No supe que mi hijo era autista hasta mucho más tarde. Siempre me he preguntado si lo habría sabido antes, de haber consultado mis dudas cuando era bebé, o si al final lo habría sabido igual, pero habría sufrido más presión para destetar en el proceso»

 

Web recomendada sobre autismo y lactancia: LACTANCIA EN DIVERSO